Tras meses de espera y de una importante campaña de expectativa se estrena, finalmente, en salas del país, Monos, el tercer largometraje de Alejandro Landes.

La película ha realizado un exitoso recorrido por diversos festivales alrededor del mundo en los que ha obtenido numerosos premios; por estas tierras, para no ir más lejos, fue galardonada con el Premio del público durante el pasado Festival Internacional de Cine de Cartagena. Su concurrido estreno en ese momento tuvo lugar en el Adolfo Mejía en donde los aplausos se hicieron sentir por varios minutos al terminar la proyección, ahora queda ver qué resultado va a tener en cartelera. Algo es seguro, no es una película que deje difícilmente indiferente a alguien, no espera hacerlo, en realidad está pensada para incomodar y abrir numerosas preguntas.  En mi caso tuve la oportunidad de poder hacerle varias de ellas a este promisorio director y guionista.

 

D.O.O: Empecemos por lo evidente, al ver sus dos películas, es imposible no pensar que le interesa el conflicto colombiano, o, mejor dicho, las consecuencias de la violencia en la sociedad.  Sin embargo, todo lo que en Porfirio, su anterior película, era minimalismo y contención en Monos se siente enorme, hiperbólico. ¿Cómo fue ese paso de un tipo de narración a otra tan diferente?

 A.L: Es interesante lo que anotas, aunque es aún demasiado temprano para poder hacer una comparación entre las dos, sí siento que en ambas películas el cuerpo es muy importante. En ese sentido la segunda es una reacción a la primera porque después de haber tenido un personaje de más de 50 años que estaba encerrado en su propio cuerpo quería hacer algo más bien de chicos que tienen la vida por delante, ya no un único protagonista heroico si no todo un grupo y esta vez con sus cuerpos en plena excitación y crecimiento. En cuanto a la cámara, en Porfirio la mantuve siempre a la altura de una silla de ruedas, como está el protagonista, en Monos quería generar algo en total movimiento, pero yo siento que ambas tienen el mismo minimalismo en el sentido en que descontextualizan y abordan la violencia desde lo humano y no desde lo ideológico. Me parece que las dos son como fábulas porque están inspiradas en situaciones reales, pero ambas se paran por sí solas aunque no conozcas la historia real, por ejemplo en el caso de Monos la gente que no conoce la situación en Colombia la vive como un mundo en el cine que existe por sí mismo, que no corresponde a ninguna realidad, algo de eso pasaba con Porfirio.

Mi primera película era, por así decirlo, un bicho más raro, a los críticos justamente les gustó por eso, por su originalidad, en cambio en Monos estaba buscando dialogar con cánones muy conocidos, con novelas clásicas como  El corazón de las tinieblas de Conrad  y El señor de las moscas de GoldingLa historia la inspira lo que ha vivido Colombia durante los últimos 60 años y las preguntas que nos estamos haciendo en este momento. También es un diálogo con el género de guerra, pero no está contada desde las primeras filas y no es una violencia gloriosa, por el contrario, la cuento desde la retaguardia en donde no se pierde intensidad y la violencia, incluso, le causa daño al mismo ejecutor.  Finalmente diría que ambas son películas de tonos de gris, ninguna de las dos tiene una postura de blanco y negro ya que la primera tiene como protagonista lo que muchos consideran un terrorista y en Monos el protagonista es un grupo, una banda de chicos que está al mando de un  secuestro.

D.O.O: Mencionas El corazón de las tinieblas y  El señor de las moscas como inspiraciones, pero al ver la película es difícil no pensar en algunos de los libros escritos por secuestrados, en particular, en el de Ingrid Betancourt varias escenas hacen pensar mucho en su experiencia. ¿Es coincidencia?

A.L  Como Ingrid fue la secuestrada de mayor perfil entonces todo el mundo conecta con eso al ver la película.  Yo leí el libro y vi que en un momento la custodiaban chicos, me parecían muy interesantes las dinámicas de grupo que contaba, pero como ella tenía un perfil alto entonces, normalmente, tenía a su lado gente de mayor rango cuidandola. Leí historias de secuestrados de perfil mucho más bajo, tanto de extranjeros, en otras partes, como de colombianos, y muchas veces lo que pasa es que cuando agarran a un turista o a alguien que tal vez no tiene un perfil político importante la manera más barata de tenerlo es dárselo a cuidar a muchachos. Así que nos nutrimos con la diseñadora de producción de conflictos rebeldes de todo el mundo y de diferentes épocas para generar la ficción de esta organización ficticia, así que hay elementos de grupos armados en el país tanto de derecha como de izquierda y también elementos de afuera para crear esta alegoría.

D.O.O: La misión que le encomiendan a estos muchachos de cuidar una extranjera secuestrada es la que desencadena la acción de la película ¿Qué otros aspectos te llamaban la atención de ese tema? 

A.L: No importa qué tan moderna se vuelva la guerra –las grandes armas, los drones–, el secuestro ha sido parte de ella desde el imperio Romano hasta ahora. Eso por un lado; por el otro, el mayor reto de la película es la cantidad de personajes y cómo navegar de un personaje al otro, dotarlos de carne y hueso  sin perder de mira que la verdadera protagonista es la manada, como los animales, son monos.  Son una mini sociedad que se desintegra y que nos sirve como espejo. No quise que fuera una película de lástima, ni una película que ves como desde lejos si no que generara preguntas sobre qué hubiera hecho cada uno en una situación similar. Leyendo documentos de secuestrados me encontré con relatos como en el que uno de ellos describe que estaba jugando ajedrez con su secuestrador y el secuestrador se paró un momento a agarrar un café y dejó el arma, entonces él la agarró pero se dio cuenta de que no era capaz de matar y de que ni siquiera era seguro que hacerlo le garantizara la libertad.  Son dilemas a los que uno no suele estar enfrentado en su vida cotidiana, preguntas que uno normalmente no se hace.

Lo otro que me interesaba eran las  intimidades que se generan entre secuestradores y secuestrados, como el momento de la peinada que se ve en la película, esos instantes de intimidad en esa relación ambivalente que se produce entre el secuestrador y el secuestrado y que suscitan emociones encontradas.

D.O.O: Me llamó mucho la atención una cierta tensión que se siente en toda la película entre el orden y el caos. Es decir, estos muchachos están solos, en la mitad de la nada, sin adultos vigilándolos, todo es posible y, sin embargo, hay un orden que se siente, se impone y los hace autorregularse de maneras insospechadas.

 A.L: Yo estudié economía y me interesa mucho el trabajo de un economista peruano llamado Hernando de Soto, él explica que el problema de muchos países es que no todo el mundo está jugando bajo las mismas reglas, por ejemplo, en una favela tienen sus propias reglas. Muchos pueden pensar que allí reina el caos pero en realidad tienen su propia manera de hacer las cosas. Tuvimos eso muy presente y fuimos creando reglas en ese mundo que íbamos armando en el que hay un permanente juego de poderes.  Teníamos que entenderlo para entender qué pasaba cuando esas reglas se quebraban, qué pasaba cuando se restauraban, cuando cambiaba el mando. Sin duda ese juego de poder es mucho más importante que la supervivencia en la película. Para mí, la idea de las reglas que nos definen es muy importante, me llama la atención que cuando uno nace con ciertas reglas las da por hecho y otras reglas las ve muy extrañas, jugar con esos prejuicios me parece muy interesante.

Monos, de Alejandro Landes. Estreno en Colombia. Entrevista. Cine colombiano.

D.O.O: Precisamente en la película hay cosas que están definidas con claridad y otras que no, como el conflicto o incluso el género de uno de los personajes. Cuéntame de eso.

 A.L: Yo creo que todo el mundo en su mente se siente más cómodo en un sistema binario, a mí, como lo mencioné antes, me llaman la atención los tonos de gris. Creo, además, que son esos tonos los que definen la naturaleza actual del conflicto. Es decir, si  le preguntas a un ciudadano norteamericano dónde está su país en Siria no sabrá contestar porque las alianzas cambian cada momento, los conflictos actuales tienen líneas muy endebles. Creo que a la gente le gusta ver películas sobre la Segunda Guerra Mundial porque en ellas sabe quiénes son los buenos y quiénes son los malos. En cambio, cuando uno ve Irak, Afganistán, Siria, son tantos los frentes que uno se pierde, ocurre algo muy similar en Colombia. Al leer libros, por ejemplo los de secuestrados de los que hablábamos, uno ve que la gente que está en las trincheras no está hablando de ideologías, que si Marx tiene razón o la tiene el mercado libre; la gente está ahí viviendo su vida en una trinchera y muchas veces ni saben por qué están ahí. En Monos pasa eso, uno ni sabe por qué están obedeciendo pero se sabe que algo manda sobre ellos. Así que esa indefinición que señalas es muy importante, uno no sabe si la gringa secuestrada es agente de la CIA, trabajadora en una ONG o una ingeniera de minas, no es importante saberlo, no creo que se merezca más o menos ser secuestrada por ninguno de esos papeles y creo que es igual con los chicos, hay gente que ha escrito que es un grupo paramilitar, hay gente que ha escrito que es un grupo guerrillero. Finalmente, eso poco importa.

Se ve, eso sí, claramente que hay un mando, yo lo asocio más con la guerrilla por lo de la sexualidad reglamentada que he leído que se practicaba en las FARC más que entre los paramilitares, pero  estos últimos también reglamentan tu vida y te dicen cómo vivir. El dejar indefiniciones me parece que permite de manera subversiva que la gente entre en la conversación dentro de la historia porque no es una película que denuncia, ni que plantea una respuesta, es una película que genera preguntas.

D.O.O: Hablemos de la naturaleza, esta cumple un papel fundamental en la película. La tarea que cumplen los muchachos los obliga a mantenerse en sitios apartados, ocultos de la geografía colombiana. ¿Cómo fue la selección de esos paisajes?

A.L: En la película existen muchos tipos de tensión, una manera de generarla, para mí, fue seguir el curso del río Chingaza. El Páramo es un gran reservorio de agua y esa empieza a bajar de a poquitos, va agarrando velocidad y termina en enormes caudales;  yo quise seguir ese curso del agua, esto me permitió armar la película como un río, de forma sinuosa, no sabes a dónde vas pero hay tensión y movimiento, algunos momentos son más calmos, otros más rápidos. Si te fijas, el agua está presente durante toda la película, su correr es la columna vertebral de la historia. Por otro lado, me molesta cuando la gente me dice que mi película tiene paisajes muy bonitos. Es cierto, pero no importa, es decir, no es eso lo que hace una película buena, me parece que en Colombia se ha tendido a hacer un cine de paisaje y de personajes, en mi caso no hay uno más importante que el otro. Yo busco que los paisajes sirvan como un reflejo del estado interior de los personajes, entonces, por ejemplo, cuando están en  la montaña entre los chicos hay una cierta inocencia. Allí ellos tienen más clara la situación, es lógico porque en una cordillera desde la altura, tú entiendes tu escala, te sientes pequeño. A medida que se van perdiendo en la selva pierden el norte, se fragmenta el grupo. Así que para mí, el paisaje es parte interior del personaje a nivel emocional, no es solo una postal que lo acompaña.

D.O: Hablemos de la locura, yo incluso, por momentos, viendo Monos, pensé en Aguirre, la ira de Dios, en personas que están atrapadas en un entorno natural, en una situación que de cierta manera las enajena y hace salir de ellos cosas que desconocían de sí mismas. ¿Dirías que la locura está presente en tu película?

A.L: Sí creo que la locura está presente pero sobre todo por la edad de los protagonistas. La adolescencia es una época de gran locura, es un momento de alto conflicto, tu cuerpo  está cambiando, a veces te parece bello, a veces grotesco, quieres pertenecer y a su vez no hacerlo. Tienes una idea de quién quieres ser que se choca con quien eres en el momento actual. Yo creo que ese conflicto de la adolescencia se contrapone con el conflicto de la película en general y esos dos conflictos son los que funcionan tan bien. Mi idea es que al final te preguntes ¿qué vamos a hacer? y lo digo de manera amplia. Yo creo que Colombia es un país joven y por eso me parece importante que los protagonistas sean jóvenes y se hagan esta pregunta.

Publicado originalmente en www.revistaceroenconducta.com

Diana Ospina Obando

Diana Ospina Obando

Escribir, leer, ver películas, viajar...¿me faltó algo?