Narrando el dolor

Hace ya un buen tiempo que estoy dedicada a leer libros autobiográficos o biografías, atrapada por los relatos personales de hombres y mujeres que cuentan sus propias vidas o describen con detalle la de otros indagando en las múltiples facetas que posee cualquier ser humano. Por eso no dudé en buscar el libro del escritor y periodista David Sheff, en el que se basaron para hacer Beautiful boy película dirigida por Felix Van Groening cuyo estreno está anunciado en octubre de este año. El libro, del mismo título, fue traducido al español como Mi hijo precioso.

El texto, entrañable y aterrador en partes iguales, realiza una crónica detallada de lo que ha sido para Sheff ser padre de Nic, su hijo mayor, un muchacho prometedor, inteligente, sensible en el que depositó, como cualquier padre, grandes esperanzas que se vieron truncadas cuando se hizo adicto a la metanfetamina.

Claro, esto no sucede de un momento a otro, Sheff reconstruye los que considera momentos decisivos, las primeras señales de alarma y su manera de enfrentarlas. Es, en todo momento, un padre consciente, preocupado y presente que se involucra de manera activa en la vida de su hijo y utiliza el dialogo para encontrar soluciones a los conflictos. Es, precisamente, por esto que todo es tan desconcertante, ¿tener un hijo adicto no es algo que le pasa a otros?, ¿a los disfuncionales y ausentes, a los abusivos? Pero él, él ha hecho la tarea ¿qué ha salido mal? Ahí aparece el periodista decidido a entender, si es que eso es posible, por qué está perdiendo esta batalla y qué debe hacer para evitarlo.

Y es que la metanfetamina es, sin duda, la droga más temida del momento (ahora parecen haber surgido nuevos y temibles monstruos) y no lo digo por haber visto a Jesse Pinkman tambaleándose en Breaking bad sino gracias a la detallada investigación realizada por el periodista buscando entender al enemigo al que se enfrenta. El conocimiento espera le dé la clave para vencer a esa sustancia que le ha arrebatado y transformado a su adorado hijo, su hijo precioso, en un desconocido, un egoísta mentiroso capaz de todo con tal de salirse con la suya.

Libros como el conocido Pregúntale a Alicia han retratado en primera persona el infierno que puede padecer un adicto, es un tema que suscita intriga e interés y que en más de una ocasión, en la literatura y en el arte, de una u otra manera, se ha exaltado. El drogadicto parece el marginal inspirado, el que consigue penetrar otros mundos y regresar de “una temporada en el infierno” para contarnos su experiencia. Este libro, por el contrario, se centra exclusivamente en la mirada del otro, del que ve de lejos al adicto sin poder entenderlo, sin penetrar su mundo, viviendo únicamente la angustia porque “un adicto, al menos cuando está “arriba”, tiene un alivio momentáneo de su sufrimiento. No existe alivio semejante para los padres, hijos, esposos, esposas u otras personas que lo aman”.

La fuerza del libro sin duda radica en quedarse ahí, en el terreno de lo vivido, Sheef indaga sobre lo que conoce de primera mano, sus sentimientos. Retrata de manera honesta y cruda su desespero, desconsuelo e impotencia. Describe los que considera sus errores, se conduele y culpabiliza buscando, de alguna manera poner fin a esta situación en la cual, por desgracia, no tiene ningún poder.

Su periplo lo llevará a conocer a distintas personas, a intentar diferentes maneras de enfrentar la situación mientras descubre, a pesar de sus prejuicios, que su dolor es el mismo de tantos otros padres, hermanos , esposos e hijos.

No es un manual de autoayuda, o algo parecido, ni trae pautas para superar estos casos, ni siquiera aspira a un final feliz que nos permita respirar con tranquilidad. Es, más bien, una reflexión profunda sobre el amor filial con todo lo que tiene de luminoso y terrible en una situación como esta en la que, finalmente, es posible querer y odiar a alguien al mismo tiempo. Y en donde, aunque parezca difícil de creer, quienes rodean al adicto no tardan ellos mismos en generar adicción a esa situación de zozobra e inestabilidad.

¿Logrará la película captar el espíritu del libro?¿Conseguirá retratar el viaje interno de este padre en donde las armas del amor, la paciencia y la aceptación no son suficientes para ganar la guerra sino apenas para sobrevivir a las batallas?

La palabra en Mi hijo maravilloso es el vehículo a través del cual Sheff busca explicar, entender y fijar un mundo inasible que se desploma frente a sí, esperemos a ver cómo este ejercicio catártico que tanto ha tocado a otros (y a mí misma) se ve adaptado al lenguaje cinematográfico.

 

Diana Ospina Obando

Diana Ospina Obando

Escribir, leer, ver películas, viajar...¿me faltó algo?