Ana María machado

La colección Catalejo, del extinto grupo Editorial Norma, es, sin duda, una referencia obligada para todo aquel que esté interesado en el estudio de la lectura y la escritura literaria. (Algunos de estos libros se encuentra todavía esperando comprador en alguna librería, otros están disponibles en bibliotecas).

A esa colección pertenece Clásicos, niños y jóvenes en el que Ana María Machado, reconocida escritora brasilera de literatura infantil, intenta contestar dos interrogantes: ¿en el mundo moderno en el que pareciera que el computador y la televisión van ganando la partida se puede aún interesar a los niños y jóvenes en la lectura de los clásicos? Y , de ser así, ¿tienen estos algo qué decir a los nuevos lectores?

Para contestarlas lo primero que hace Machado es definir qué libros podrían considerarse como clásicos y concluye que serían “los que logran ser eternos y siempre nuevos.” Con un lenguaje cálido y sencillo, muy al estilo de Daniel Pennac y su recordada «Como una novela», Machado incursiona en terrenos no siempre fáciles, pero siempre aproximándose a lo teórico desde la calidez de aquel que ama la lectura y quiere compartir ese amor con los demás.

Tras convencernos, o ratificarnos, las pequeñas pasiones que componen nuestra relación con la literatura Machado no nos abandona y durante los siguientes capítulos, con títulos tan sugestivos como:» Las sagradas escrituras», «Mundos descubiertos y soñados» o «Un mar de historias marítimas», hará un recorrido por los que serían los principales clásicos de la literatura clasificados a partir de temáticas comunes.

La selección es cuidadosa y amplia, y, además, proporciona nuevos e interesantes aportes, como el de realizar una recopilación y valoración de autores brasileros.

Al final, el libro ha contestado todos los interrogantes, no solo quedamos convencidos de la importancia de leer los clásicos sino que además contamos con una guía que nos permite acercarnos a ellos y seleccionar el que consideremos se adapte más a nuestros intereses. Clásicos, niños y jóvenes consigue, como su autora lo deseaba, convertirse en una emocionante navegación a través de títulos y personajes, y en una deliciosa invitación para compartirlos con aquellos que apenas se inician por este camino en el que los libros pueden ser, como lo dijo Borges, “una forma de felicidad”