El Festival de Cine de Cannes realizado el año pasado le otorgó el premio a mejor director a Sofia Coppola. La noticia debería ser eso, una noticia, y los comentarios deberían centrarse en la película que le permitió acceder a ese triunfo: The Beguiled. Así los amantes (entre los que me encuentro) y detractores del particular cine de esta cineasta podríamos debatir a gusto al respecto y repasar su peculiar filmografía. Sin embargo, en este caso, lo que más se ha destacado en los diferentes titulares es el hecho de que una mujer haya ganado tan importante galardón.

 

¿Por qué tanto alboroto por algo como el género que, creería uno, debería ser secundario? La respuesta es fácil. Coppola es apenas la segunda mujer en conseguir el premio a mejor director en los 70 años de existencia del Festival de Cannes; antes que ella lo logró Yuliya Solntseva por el film The chronicle of flaming years por allá en 1961, es decir, hace la bobadita de 56 años. A esto sumémosle que Jane Campion es la única mujer en haber ganado una Palma de Oro a mejor película en 1993 (no podríamos decir que hace poco) por El piano y, por si fuera poco lo anterior, solo 10 mujeres han sido presidentas del jurado en la historia del Festival.

 

Una rápida mirada al premio Oscar no mejora este recuento: solo cuatro mujeres han sido nominadas al premio al mejor director en la historia de la entrega de esta conocida estatuilla. La única en obtenerla fue Kathryn Bigelow en 2010 y en esa ocasión los titulares parecieron centrarse exclusivamente en lo increíble que era que una mujer dirigiera una película sobre la guerra pero, sobre todo, destacaron una y otra vez que la directora había vencido a su ex esposo, James Cameron, también nominado ese año: la telenovela de la divorciada que se venga.

En el Festival de Cine de Cartagena, para mirar un poco nuestras tierras, solo dos películas dirigidas por mujeres han ganado el premio a mejor película: Fina Torres en 1985 y Maria Luisa Bemberg en 1991. En la selección de este año, en ficción (no sucede esto en documental) no había ni una sola mujer.

 

El caso de la crítica no es muy diferente. El hecho de que me guste hablar y discutir de cine me ha permitido encontrar muchas mujeres que comparten mi misma pasión, sobre todo desde que ingresé a Cbcine, el Círculo Bogotano de Críticos y Comentaristas de cine. Sin embargo, en los escasos espacios impresos donde se publican críticas de cine en el país aparecen poquísimas mujeres. Si estoy equivocada agradecería mucho que alguien me lo demostrara.

 

Si nos atenemos a los números el fenómeno es extraño porque somos la mitad de la población Deberíamos, por simple matemática, estar en todos lados y que nuestra presencia ni siquiera fuera un tema. Pero no es así, como lo señaló Simone de Beauvoir en su libro El segundo sexo; el hombre es lo general, nosotras somos la excepción. Deben visibilizarnos, señalarnos con el dedo: “aquí están las mujeres”, y ni siquiera eso parece ser suficiente. Lo cierto es que poco sirve que nos señalen si esto no se acompaña por una real política de inclusión y de brindar, finalmente, las mismas oportunidades a los dos géneros. Un ejemplo de esto puede ser el caso reciente de la revista española Caiman Cuadernos de cine, la cual celebró su aniversario número 10 de existencia con un número escrito y dirigido solo por mujeres. En la promoción de ese número anotaron lo siguiente: “asumimos un firme y sincero compromiso con esta orientación, que no se limitará a la publicación de este número extraordinario, sino que tendrá continuidad y reflejo, a partir de ahora, en nuestra propia línea editorial y en la nómina de nuestras colaboradoras”. Es que lo primero sin lo segundo no pasa de ser una anécdota, un acontecimiento que no se repite.

 

En mi caso empecé a ver cine desde niña y ha sido una pasión que me ha acompañado durante todos estos años. Fue tarde que empecé a cuestionarme sobre la presencia femenina en el cine y, sobre todo, sobre los discursos que articulan lo femenino, la manera como se nos muestra. Suena a poca cosa pero aún me sorprendo cuando descubro que cierta película fue dirigida por una mujer. “No lo parece”, alcanzo a pensar y debo reprenderme porque lo cierto es que no debería haber temas para hombres y otros para mujeres, o si no que alguien me explique en qué andaba pensando Flaubert cuando escribió Madame Bovary o Rodrigo García Barcha cuando hizo Mother and child , por citar solo dos casos.

Ahora bien, si retomo lo sucedido en el Festival de Cannes, pareciera confirmarse que algo estaría empezando a cambiar. En el caso colombiano, por ejemplo, es importante recordar que la participación colombiana este año en el certamen fue netamente femenina gracias a la productora Diana Bustamante, que fue parte del jurado de la Semana de la Crítica, y a la directora Natalia Santa cuya opera prima La defensa del dragón fue escogida para debutar en la Quincena de Realizadores. En un artículo publicado el año pasado en Semana sobre el sexismo en el cine, Juliana Ospina, programadora asociada del Festival de cine independiente de Bogotá (IndieBo) comentaba que se había sorprendido el año pasado mientras asistía a diversos festivales, al encontrar en ellos un aumento de películas dirigidas por mujeres y otras en donde ellas se arriesgaban a interpretar papeles diferentes.

 

Son buenas noticias, claro, pero aún queda trecho por recorrer en estos dos frentes. Aquí, una vez más, vuelvo a Cannes, el ejemplo más reciente, y recuerdo la intervención que no tardó en hacerse viral de Jessica Chastain, sorprendida y preocupada tras ser parte del jurado del certamen y verse veinte películas en diez días, de la manera como es representada la mujer en el cine: «Hay varias excepciones, pero en general la representación de los personajes femeninos ha sido lo que más me ha sorprendido. Espero que cuando haya más mujeres encargadas de contar las historias también tendremos personajes femeninos en los que podamos reconocernos».

Yo diría que el hecho de que una mujer dirija no es garantía de que algo así ocurra, ni el hecho de ser mujer obliga a ocuparse específicamente de esta temática, como lo dije anteriormente. Se trata, tal vez, de abrir la manera en cómo percibimos o esperamos vernos narrados. Precisamente Juliana Ospina, en el mismo artículo mencionado, tocó este punto y señaló algo importante: “La inequidad de género en esta industria no es solo un problema de las mujeres o los programadores. Es un problema de todos. Necesitamos darles la voz a todos los géneros y culturas, para poder tener otras miradas y entrar a otros.” Quiero creer que empezamos a dar pasos en esa dirección y que desde nuestros distintos oficios somos muchos los que contribuimos a que así sea.

Por último, diría que celebro las muestras de cine dedicadas a las mujeres, y todo lo que ellas brindan de visibilización a esta problemática, pero espero que así como no se realizan festivales dedicados a directores hombres, en un futuro, suceda lo mismo con nosotras. Que dejemos de ser la excepción y seamos, al fin, parte de la regla.

 

Artículo escrito para el catalogo del 15 Festival de cine de Santa Fe de Antioquia

 

Diana Ospina Obando

Diana Ospina Obando

Escribir, leer, ver películas, viajar...¿me faltó algo?