Murió Gary Coleman a los 42 años. Es difícil no leer la noticia y pensar en el niño protagonista deBlanco y negro, es difícil no hacerlo porque, por lo menos en mi caso, es el único recuerdo que tengo de este actor. Fueron muchos episodios los que vi de esa familia cuasi perfecta, no solo era el único ejemplo de familia interracial que tenía en la televisón sino que, además, todo era muy divertido y amoroso en ese apartamento de ricos a donde llegaron a vivir dos hermanos huérfanos y encontaron, lo que parecía un destino mejor.
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No siempre eran fáciles las cosas para Arnold y Willis y en medio de situaciones jocosas se planteaban cómo encajar en una nueva familia con la que tenían tantas diferencias. Al personaje de Arnold lo recuerdo hablando con su pescadito (¿no se llamaba Lincon? ¿estoy equivocada?), divagando en soledad en su cuarto; era sobre él, sin duda, que recaía el peso y la coherencia de la serie, simpático, creativo, cuestionador, yo creía, de verdad, que era un niño y cuando supe que era un adulto no lo podía creer. Fue uno de esos chismes que algun compañero me dijo un día, en esa época sin internet, ni google, en la que uno podía decir “no puede ser ¿seguro?, ¿dónde vió eso?”. Cuando confirmé la historia me pareció macabra, Gary Coleman era un adulto atrapado en un cuerpo de niño… lo único bueno es que ser eso le permitía darle vida a ese niño avivato y lúcido. Estos días he pensado en adultos que se han quedado interpretando niños para sobrevivir: como María Antonieta de las Nieves quien interpreta a la Chilindrina o Xavier López que lleva años siendo Chabelo en México. No puedo evitar que me embargue una extraña sensación cuando veo a estos últimos en algún medio, es que no deja de ser raro ver a estos niños grandes y viejos, a estos infantes de pata de gallina y manos manchadas, con sus medias recogidas, y su ropa infantil. Hay algo un poco antinatural en todo eso, un deseo de congelar el tiempo pero este no lo permite, se resiste y nos deja consternados ante los niños viejos.

No este el caso de Gary Coleman, a él, interpretar un niño le permitía ser actor, ¿cómo ser galán cuando se mide 1.42? Fueron días de gloria los de Coleman pero, como a tantos otros, esa oportunidad se le convirtió en una pesadilla.

En estos días lo que más me impresionó fue una entrevista del actor dada a un medio colombiano diciendo que se arrepiente de su participación en la serie, que quisiera no haberla hecho nunca. Paradojicamente eso que hizo que ocupara un espacio en la memorioa de gente tan distante a él como lo puedo ser yo es lo que él quisiera borrar. Así que es dificil no conmoverse un poco ante la tragedia de esa vida extraña, de esa niñez en la adultez que trae el reconocimiento, el dinero y tras de sí la ruina y la derrota. Hoy, mientras escribo esto, su cuerpo sigue sin poder ser enterrado porque se enfrentan las distintas partes que tienen intereses sobre él. Ya no queda dinero para pelear, pero parece, que al igual que los buitres, pelearse por un pedazo de carne sigue siendo un buen motivo.

 

No creo que sea un héroe, ni tan solo una víctima, de seguro contribuyo con mano firme a la debacle de muchos momentos de su vida, pero si me parece que se encarnan en él diversas paradojas de la sociedad actual.