BlogUncategorized

De mujeres, relaciones y cobijas

Estos días han estado grises y lluviosos. Hoy es domingo y me he levantado muy temprano… Hace años descubrí que levantarme temprano un domingo me producía un placer íncreible. La cosa tiene algo de perversión, es levantarse a una hora que uno sabe que los demás duermen y es más, que se espera que uno duerma. Me gusta estar despierta porque la mañana del domingo parece detenida, los minutos trascurren despacio y puedes sentarte a escribir o a leer y el mundo parece haber contenido la respiración para que puedas hacerlo.

Pongo www.pandora.com y decido que quiero exlplorar este genoma de la música. Ahí están las notas que salen de mis pequeños parlantes anudandose a esta mañana gris y solitaria. “Isn´t it a Pity” de Cowboy junkies es la primera escogida y es una canción preciosa que yo no conocía.
Hoy, creo, quiero escribir sobre las mujeres… sobre lo dificil que puede ser ser mujer en estos tiempos modernos. Claro, no voy a inventar el agua tibia ni decir nada que no se sepa pero quiero sumar mi voz a la de otras que han denunciado las incongruencias de este tiempo que nos tocó vivir. No voy a alargarme en lo más obvio, nuestra “obligación” de ser madres, profesionales, amantes, amas de casa, amigas… ¿qué más? y cumplir todos esos papeles con esmero y dedicación. Me basta con decir algo que dije en las conferencias que dicté sobre mujer y literatura en diferentes lugares, la necesidad de la mujer de priorizar sus proyectos personales, el reto que eso significa. Es decir, de una u otra manera parecemos condicionadas a diluirnos en los otros, a condicionarnos a los otros. ¿Cuántos casos conozco? La mujer inteligente, capaz e independiente que conoce a un hombre y decide postergar su decisión de estudiar fuera del país, o de postergar su viaje, o las onces con su amigas o el tiempo que le quería dedicar a una novela. Ahí estamos cambiando planes, adecuandonos, eso nos han enseñado… no sería grave si los hombres, más bien, parecieran estar cada vez menos dispuestos a ceder. Resutado: la cosa parece muchas veces un dialogo de sordos, un desencuentro inevitable. Queremos pues ser independientes, digamos egoistas, e intentamos acercarnos al otro y quererlo desde esa nueva postura pero ¿cómo construir desde islotes separados? Quizás ese sea el porvenir de ciertas relaciones. Mis abuelos tenían camas separadas, siempre fue así. En medio de las dos camas tenían una mesa de noche con una lámpara. Mi abuela se acostumbró a dormir sola, a colocar sus cobijas como a ella le gustaba y las pocas veces que tuve que compartir cama con ella en paseos la pobre no podía pegar los ojos. Decía que sentía mucho calor, que cada vez que yo me movía la intranquilizaba. Mis abuelos dormían en camas separadas y eventualmente se hacían visitas cortas, gracias a eso engendraron cuatro hijos, pero no amanecían juntos, no se abrazaban por la noche ni debían, tampoco, darse la espalda algunas veces. Quizás es un momento para tener camas separadas, vidas separadas, acomodar las cobijas como a uno le parece y hacerse espóradicas visitas que alegren algunas mañanas, quizás las cosas puedan estar bien así, lo malo es que es dificil no añorar estrechar una mano en medio de la noche que se abre, muchas veces, desolada y oscura…