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Queremos tanto a Charly

Por julio 12, 2005 abril 25th, 2018 No hay comentarios
Charly pisó tierra colombiana y nos regaló un hermoso concierto. El telón se descorrió y Charly apareció con su trusa negra y sus tenis plateados. Alto y extremadamente flaco parece un insecto. A ratos un zancudo intrépido, por instantes una mantis religiosa, en ocasiones una araña de múltiples patas girando entre el piano y los teclados. El concierto empezó puntual y la verdad no hubo nada decadente, desplantes extraños o escenas perturbadoras de esas que gustan porque le permiten corroborar a la gente que una vida de excesos termina mal, “Charly está acabado, fue bueno, pero la droga lo acabó… Ya no es el de antes, se echó a perder la voz” … pues sí y no…. Todo es un poco cierto pero igual ahí está y no deja de conmovernos un instante. Si quiero tanto a Charly como lo quieren los otros miles que coreaban sus canciones el pasado viernes es porque ha sabido regalarnos unas canciones increíbles y porque escucharlo es recordar que la música es algo más que ritmos pegajosos, o ideas repetidas hasta la saciedad y que pueden ser verdaderos poemas que consiguen expresar algo que no hubiera sido posible hacerlo de otra manera. Ahí están sus tonadas al amor como cuando cantó Quizás porque no soy un gran poeta puedo pedirte que te quedes quieta hasta que yo termine estas palabras… Pequeñas odas al amor, un amor cotidiano y poético. También están otras canciones :

Cuando viniste a mí
Cerré la puerta pero abrí
Asesíname, asesíname.
Por darte lo que di
Me convertí en un souvenir.
Asesíname, asesíname.

Pero más que nada Charly le canta a la extrañeza de vivir en este mundo, al sentimiento de no encajar en una realidad que ha ratos parece prefabricada, como en Gato de metal

Yo soy un gato de metal
vivo en un agujero
tengo una ansiedad
como de año nuevo.
Nunca se dónde estoy
nunca se dónde voy
tengo miedo de la escena de la calle
tengo miedo que en la calle no haya nadie
esa es la rapsodia de los que
decoran el tiempo.
Por eso vivo en los tejados
viajo en subterráneo
amo a los extraños
mi comodidad sólo es mi aventura
nunca será igual
nunca nada dura.
¿Vos te querías comprar un perro?
pero soy un gato
¿Vos te querías comprar un perro?
pero soy un gato.

Durante el concierto un hombrecito de corbata, una suerte de Natalio Ruiz personificado perseguía a Charly por el escenario, le colocaba sus audífonos, le corría la silla, le recibía la guitarra. Charly lo molestaba, lo palmoteaba, se mofaba de él y la gente parecía disfrutarlo… quizás suena mal pero cada vez que Charly lanzaba un zapato, tiraba un teclado o pedía “agua, pero de la otra” la gente aplaudía a rabiar. Así lo queremos, peleando contra la formalidad, pateando normas, rompiendo reglas. Necesitamos que alguien se arriesgue más que nosotros queremos corear sus canciones y sublimar deseos ocultos, Charly nos da ese regalo invaluable. Supongo que su vida no ha sido fácil, nadie que haya escrito lo que él ha escrito puede decir que pasó por este mundo sin sufrir un poco… yo se lo agradezco, mucha gente sufre a diario y pocos consiguen darle voz a esos sentimientos y pocos, muy pocos, consiguen darle voz a otros.
En la plaza de toros muchos nos sentimos menos solos. Charly, de seguro, también fue feliz y disfrutó una noche más su estatus de vedette.
Yo digo que se lo merece ….
Y para corroborarlo una pequeña muestra de uno de los momentos más conmovedores del concierto:
Eiti Leda

Quiero verte la cara brillando como una esclava negra, sonriendo con ganas.
Lejos, lejos de casa no tengo nadie que me acompañe a ver la mañana.
Ni que me dé la inyección a tiempo antes que se me pudra el corazón,
ni caliente esos huesos fríos, nena.
Quiero verte desnuda el día que desfilen los cuerpos que han sido salvados, nena, sobre alguna autopista que tenga infinitos carteles que no digan nada.
Y realmente quiero que te rías y que digas que es un juego nomás. O me mates este mediodía, nena.
Entrando al cuarto (volando bajo) la alondra ya está cerca de tu cama, nena.
Quiero quedarme (no digas nada) espera que las sombras se hayan ido, nena.
¿No ves mi capa azul, mi pelo hasta los hombros, la luz fatal, la espada vengadora? ¿No ves qué blanco soy, no ves?
Quiero quemar de a poco las velas de los barcos anclados en mares helados, nena. Este invierno fue malo y creo que olvidé mi sombra en un subterráneo.
Y tus piernas cada vez más largas saben que no puedo volver atrás.
La ciudad se nos mea de risa, nena.