La apacible vida de una pareja, Lucy (Léa Seydoux), exitosa música, y Philipp (Laurence Rupp), un realizador que ha pasado por la televisión y el documental, transcurre junto a su hijo de unos diez años en el campo. Esa vida bucólica, creativa y amorosa que se nos presenta en los primeros minutos se derrumba con la llegada de la policía y la incautación de la computadora de Philipp. Como descubrirá con horror Lucy, en quien se centra la película (otro estreno de Cannes enfocado en la mirada femenina), a Philipp lo acusan de guardar y compartir material de abuso sexual infantil.
Marie Kreutzer, guionista y directora, decide quedarse en el punto de vista de Lucy y seguirla mientras la realidad que conocía se derrumba. ¿Quién es este hombre con el que ha compartido una vida feliz hasta ese momento? Seydoux está impecable encarnando las diferentes facetas, rabia, tristeza, negación, por las que puede atravesar una persona enfrentada a algo así.
El título, Gentle Monster, no es otra cosa que el nickname que utiliza Philipp en línea, y conecta con esas frases que se escuchan tantas veces: “jamás lo habría pensado de él”, “se veía tan normal”, “tan buen padre”. Porque así vemos a Philipp todo el tiempo, incluso en su caída vertiginosa.
Kreutzer, que ha dicho que le interesaba el tema desde antes de que Florian Teichtmeister, uno de los protagonistas de su película anterior, fuera acusado de posesión de material de abuso sexual infantil, quiere justamente destacar la dificultad de detectar a esos “monstruos” entre nosotros y la manera en que resquebrajan la visión que tenemos de cómo creemos que se ven este tipo de personas y de por qué hacen este tipo de horrores.
En paralelo a la historia principal seguimos a Elsa (Jella Haase), una de las policías encargadas de estos casos, «¿haciendo este trabajo en quién puedes confiar?”, le preguntará Lucy con genuina curiosidad. Entiendo que a algunos les parezca que conocer la vida familiar de Elsa le quite fuerza a la trama central, pero a mí me pareció que funcionaba como una suerte de espejo: aun con el ojo entrenado para detectar estos crímenes, podemos ser ciegos y normalizar otros tipos de abusos.